Afectividad y autonomía en los adolescentes

La afectividad, esa capacidad que tenemos las personas humanas, para experimentar emociones y sentimientos, tienen en esta etapa, un "sabor", especial, debido al gran número de ingredientes de los que se nutre; el encuentro novedoso con el mundo propio y el ajeno.

Todos los cambios que van a experimentar, tienen sus manifestaciones externas y sonoras.

Lógicamente, nuestros hijos adolescentes van a desalojar su mundo interior, fruto del peso de sus conflictos interiores, con aquellos que tienen más cerca: familia, ámbito escolar y amigos.

Los padres somos los primeros en recoger sus impulsos, sus rabietas injustificadas aparentemente, y lo incontrolado de su comportamiento.

Por esta razón, debe de existir en la familla un proyecto educativo, que recoja y canalice todas estas novedades, bajo un pacto de serenidad.

La formación de nuestros hijos adolescentes, requiere de una premisa: debe hacerse en un clima de serenidad y paz afectivas.

Esto parece lógico y fácil, cuando las cosas van más o menos bien, pero es justo cuando el ambiente "está cargado", cuando hemos de renovar nuestro compromiso con las premisas anteriores.

Calma, para tener éxito en la formación de los hijos, por eso tendríamos que tener presente que no podemos exigir todo lo que deseamos de golpe, sino fijar una serie de estrategias, que nos lleven a priorizar objetivos en la educación de nuestros hijos. Para esto será muy importante buscar MOMENTOS EDUCATIVOS, para fomentar una buena comunicación.

Como no es tarea fácil, a veces los códigos de comunicación con los hijos se enrarecen y sin darnos cuenta nos encontramos utilizando ciertas expresiones que si bien es cierto que nos pueden desahogar, no persiguen el fin último de la formación, es más, deforman. Por ejemplo:

Mientras decimos:

-Te he dicho setecientas veces.....!!!

Ellos piensan:

-Ya serán menos, ¡Que exagerados!...(NO CAPTA EL MENSAJE).

 

Mientras decimos:

-Es la primera y la última vez que te digo....!!!!!

Ellos piensan:

-Que mentira!, ayer me dijo lo mismo.(PERDIDA DE AUTORIDAD).

 

Mientras que con tono airado les decimos:

-¡No te vuelvo a repetir que...!

Ellos piensan:

-Me lo llevan diciendo desde pequeño....(FALTA DE ARGUMENTOS).

 

Y  así podríamos ir enumerando una serie de expresiones, vacias de contenido y llenas de cierta violencia que no conducen a nada formativo, sólo al desahogo propio del momento.

Un ambiente positivo ante un momento tenso, es imprescindible para el desarrollo de nuestros hijos, que aprenderán a comportarse en la familia, que es su primer ámbito educativo.

 

Algunos consejos:

 

-Si puedes, abandona el lugar del suceso.

-Dile: mañana con tranquilidad hablamos.

-No caigas en la trampa de los adolescentes: pueden dar donde más duele.

-Mantened la calma, los adolescentes tienen armas capaces de enervar a cualquiera.

-Procurad descansad, y cuidar el matrimonio.

-No dejes de corregir cuando impere la calma.

-Piensa "a modo de terapia", qué hacías con su edad.

 

No olvidemos que los padres somos el punto de referencia más próximo, y que de nuestra actitud con ellos dependerá la actitud que tengan con los demás  y en su futuro.

No dramaticemos situaciones, que pasado el tiempo al verlas con calma, son todas solucionables en familia, con una buena comunicación, descanso  y mucha, mucha calma.

 

 

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