Adolescencia: Tiempo de cambios. Valores que permanecen.

Con frecuencia se oye hablar de la adolescencia en tono preocupado y lleno de resignación, como si se tratara poco menos que de una enfermedad: nada más lejos de lo real.

Efectivamente, este periodo de la vida, que dicho sea de paso, hemos sufrido todos, es de crisis, pero entendiendo ésta como un espacio de tiempo en el que se van a dar en nuestros hijos/as  unas características transitorias, que bien aprovechadas servirán a nuestros hijos, para su maduración personal.

 

Cuando los padres, pensamos en la adolescencia de nuestros hijos, nos imaginamos una especie de enfermedad contagiosa, y más en familias numerosas, y dejamos que pase el tiempo reglamentario, es una pena, por que estamos perdiendo una gran oportunidad de ejercer con amor, nuestro papel de verdaderos educadores.

Con frecuencia he oído a padres y madres “anunciar”, no sin cierto regustillo de víctimas, que su hijo o hija, estaba entrando en dicha etapa, con ciertas ganas de que alguien saliera a su encuentro, ante “tan terrible evento”.

La adolescencia es sin duda una etapa delicada que reclamará de nosotros un mayor y mejor esfuerzo educativo por que es un momento estupendo para “profesionalizar” nuestra misión de padres, buscando si nos parece oportuno asesoría en aquellos que nos pueden orientar, teniendo en cuenta que nuestros hijos son distintos a los demás, cada uno es tan importante y distinto que merece nuestra atención y cariño , de manera que no todo lo que le venga bien a los demás, nos puede servir para ellos por que en resumen no se trata de copiar, sino de hacer familia.

Esta etapa de la vida es la edad de las ilusiones, de las expectativas, y no debemos vislumbrarla con sentimiento de pérdida, de los niños que aún no estamos dispuestos a sacar de la cuna.
La adolescencia es una época delicada, pero no por eso esta exenta de encantos y de posibilidades de acercamiento a nuestros hijos.

Desde el punto de vista físico, el hecho biológico de la pubertad, nos indica que ha terminado la niñez y que comienza otra etapa de la vida-la adolescencia-, marcada por unas características muy diferentes de la anterior. Es por esto que necesita un tratamiento distinto, y unos objetivos diferentes marcados para cada adolescente.

Así como la niñez, va ligada a pautas de crecimiento desarrollo físico e intelectual, la adolescencia tiene también el componente de la maduración, de las pautas de comportamiento adquiridos en el ambiente social y familiar.

La carga ambiental en esta etapa, se hace tan decisiva, debido al interés del adolescente, ya no sólo de su familia, sino de todo lo que le rodea, pandillas, amigos, compañeros, etc.

Es un verdadero tiempo de apertura al exterior, y de propia exploración de su mundo interior.

En esta etapa de la vida de nuestros hijos, debemos tener en cuenta entre otros, cuatro rasgos muy significativos:

1-Los cambios físicos.

2-El descubrimiento de la propia intimidad.

3-El predominio de nuevos intereses, diferentes a los de la infancia.

4-los distintos modos de sociabilidad.

De todo ello, seguiremos hablando en un próximo artículo, mientras tanto, podéis ir opinando.

24  de Noviembre de 2010

Cristina  G. Mata

Asesora y Terapeuta Familiar


 

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